viernes, 31 de agosto de 2007

Guangos estrenos

Las salas de cine siguen mostrando su desdén, a pesar de ser día de estrenos, las opciones son pocas y malas…

Habrá que ver películas ya antes vistas, han reestrenado Paris, je t aime y en el cineforo siguen con el homenaje a Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni, dan Sonata de otoño y Gritos y susurros.

jueves, 30 de agosto de 2007

Devórame otra vez


Entre los estantes de una librería cercana a mi casa, encontré un libro de mi abuelo honorario Elias Canetti, la edición fue publicada a principios de año, y contiene todos sus libros de "apuntes" (Aufzeichnungen) donde se encuentran los aforismos (algunos axiomas) sentencias y textos fragmentarios del viejo sefardita.

En este volumen se encuentran La provincia del hombre, El suplicio de las moscas y El corazón secreto del reloj; así como los apuntes de Hamsptead. La novedad son algunos textos inéditos que le dan el toque final a la edición.

Al parecer este es el cuarto volumen que comprende la obra completa de Canetti, publicada por Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores. El caso es que me acordé de mi primer lectura de El suplicio de las moscas y de un texto en particular.

El texto en particular...

En el amor es donde menos existe la piedad: En el amor cuenta siempre lo más pequeño, Lo insignificante: Esa precisión minuciosa le otorga su ser. Nada se olvida, si uno dice, quiero todo, hay que entenderlo así: Todo. Acaso sólo un caníbal podría ser aquí consecuente, sin embargo, el canibalismo anímico es mucho más complicado. Hay que advertir que se trata de dos caníbales que se devoran al mismo tiempo.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Cosas que odio

La crema (de todo tipo)
Los taxistas Tapatíos ( el 99% de ellos)
Los tacos de tripa, cabeza, ubre y ojo
El queso amarillo
Las manifestaciones
Los que hablan en el cine
Los que se paran a media película en el cine
Los que le traducen a sus hijos en el cine (traducir es un término alejado a lo que hacen)
Los noticieros de t.v. Azteca
Los mosquitos que zumban en los oídos y pican en los dedos
La espera

A primera vista

Fue instantáneo, caminaba por los pasillos de la agrandada biblioteca de mi alma mater, buscando un par de libros, cuando de repente sentí que era observado, se trataba de un ejemplar de Acantilado que desde el fondo del pasillo me miraba con toda su atención, era Tierra de fuego de Adam Zagajewski, algo pasó, el libro y yo tuvimos como díría Enrique Iglesias, casi una experiencia religiosa, así que sin el menor pudor nos fuimos a mi casa, y ahora aprendo bailes de salón.

Un poquito de Zagajewski (Altamente ponedor)

CONCHA

Por la noche los monjes cantaban en voz baja,
y un viento fuerte levantaba
ramas de abetos igual que alas.
No he conocido ciudades antiguas,
nunca estuve en Tebas
ni en Delfos, ni tampoco sé
qué dijo la Sibila a los viajeros.
La nieve cubrió calles y barrancos,
y en vestidos oscuros las cornejas seguían
las huellas de los zorros en silencio.
Creía en señales efímeras
en sombras de ruinas y en serpientes de agua,
en fuentes de montaña y en pájaros proféticos.
Los tilos florecen igual que novias,
pero sus frutos son pequeños, ásperos.
Ni en la música ni en pinturas bellas
ni en hazañas o en el coraje
ni aun en el amor hay saber,
sino en todas las cosas,
en la tierra y el aire, en el silencio y el dolor.
Un poema es capaz de retener el eco
de la tormenta, como la concha que tocó Orfeo
al escapar. El tiempo arrebata la vida, y devuelve memoria, dorada por las llamas
y negra por las ascuas.

martes, 28 de agosto de 2007

Un Gran Slam al rescate


Cuando el hastío llegaba a niveles impropios, nada recomendables, el Abierto de los Estados Unidos, último Gran Slam del año llegó al rescate. Nada mejor que un torneo donde salvo por fatídicas excepciones, todo sigue una coherencia que es muy lejana fuera del entorno del antiguo deporte blanco, ahora deporte blanco, negro, amarillo, rojo con azul y demás combinaciones que se les ocurra a los tenistas contemporáneos.

En los próximos días reinará la lógica frente al televisor, las dos o tres primeras rondas del US Open enfrentarán a los mejores jugadores del ranking mundial contra los menos afortunados en ese rubro, no malos jugadores, simplemente más humanos que Federer, Nadal, Nalbandian, Davydenko o Safin entre otros, que son tenistas a lo John Wayne, pistoleros del viejo oeste que saben desenfundar primero y aniquililar al oponente sin demora.

Pero lo bueno viene después, cuando en las rondas finales, los tenistas sobrevivientes al bombardeo de los todo poderosos asoman la cabeza desde la coladera, se arman de valor, salen de su madrigera y en algunas ocasiones le ganan a algún dictaror de la raqueta, esos partidos son memorables.

Después llega la final en el estadio Arthur Ashe (quien fue un negrito cotorrón que jugaba al tennis que daba miedo) donde se presentan los oponentes, que por lo normal son el número 1 y 2 del mundo, o el 1 y 4 ó 2 y 3, se permite el juego de combinaciones con los 10 primeros del ranking. Los jugadores salen a matar o morir y se dan hasta con la raqueta, y si se les rompe, llevan una maleta con otras tantas, al final uno de ellos se alza con la victoria, dice algo bonito del peinado del contrincante, acepta su estratosférico premio y la adrenalina se va por donde vino.

Mientras eso pase, el hastío se mantendrá a raya, después quien sabe, se rumora que Woody Allen vendrá a darle de palos con el Sueño de Cassandra.