
Fue en el 2000 cuando recorriendo la biblioteca de mi alma mater encontré un ejemplar de El animal moribundo editado por Alfaguara. De Philip Roth no había leído nada hasta entonces, cuando terminé con El animal moribundo tuve la sensación de haber leído algo grandioso, así que busqué más libros de él (en este punto uno se entera de lo prolijo que resulta ser Roth) Le siguieron Pastoral Americana y La mancha humana, reafirmando mi creciente idea de estar leyendo a uno de mis autores de cabecera.
Lo grandioso de todo es qué estas lecturas apenas me prepararon para un gran libro, El teatro de Sabbath, que me hizo sentir en un campo de batalla, en una alberca con las porristas de Nueva Inglaterra y luego en el tercer round contra Foreman y un montón de cosas que se van transformando cada vez que leo las andanzas de Mickey Sabbath.
Cada libro de Roth reinventa las historias que ya conocía, no es sólo un gran escritor, es el dueño de un universo paralelo, sus libros han creado un mundo que es muy distinto a los parajes de Tolkien y de Pratchett pero igual de fructífero (Los seguidores de Roth disculparan la comparación) cuando se lee a Roth se sabe identificar la atmósfera que te lleva de inmediato a un territorio que sólo el conoce y de el depende el no perderse en el trayecto.
Lo de Roth es para agradecerse, un escritor con más potencia que un porsche carrera y prolijo como el que más. Además estuvo casado con Claire Bloom, se acuerdan de ella, la actriz que aparece junto a Chaplin en la hermosísima Limelight allá por el 52, acá una foto para refrescar la memoria.
Lo último que he leído de él fue Me casé con un comunista y de nuevo reconocí ese sentimiento que sólo obtengo cuando lo leo, debería patentar el sentimiento Roth o algo así. Ahora comenzaré La conjura contra América, la empezaré hoy que Roth cumple 75 años.
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