miércoles, 22 de octubre de 2008

Me quedé, interno, mágico, invisible

Como muchos otros españoles en general y poetas en particular, Emilio Prados llegó a México para vivir su exilio a causa de ser partidario del lado republicano en la guerra civil española, llegó en el 39 y murió en México en el 62. Entre sus amigos de juventud estaban, García Lorca, Dalí y Buñuel, así que seguro cubría un espectro muy amplio de conversaciones en las tertulias. De sus poemas, uno de los más ponedores para mi es Cerré mi puerta al mundo.

Cerré mi puerta al mundo;
se me perdió la carne por el sueño...
Me quedé, interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.

Lleno hasta el mismo borde de los ojos,
me iluminé por dentro.

Trémulo, transparente,
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio
de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.