David Barba es un periodista al que se le ocurrió contar la historia de su país a traves del sexo, para esto escogió a 100 personajes españoles, entre actrices, cocineros, políticos y claro, actores porno y personajes que parecen escupidos del porno, como Alaska, a todos los buscó para que hablaran de su vida sexual, la sorpresa es que lo hicieron en forma directa, sin medias tintas, al grado de hacer de las entrevistas, unas lindas confeciones.
Acá un poco de algunas entrevistas, con fragmentos recogidos de El País.
Alaska: De ella el libro da cuenta que su madre a los 14 años le regaló varios ejemplares de Playboy y la llevó a ver el último tango en París. Ante dicha enseñanza lo que aprendió la cantante es que quería dejar de ser virgen, así que se buscó a un roquero del Rastro madrileño y liquido el asunto.
Jesús Vázquez: Este personaje no tiene digamos, el interes completo por las mujeres, así que para guardar las formas, cuando era joven salía con chicas de colegios que se tomanban muy apecho la educación sexual, así que con unos besitos abajo de un farol la cosa estaba arreglada, no tenía que llegar más lejor y nadie le cuestionaba nada. "Jamás he tenido una relación sexual completa con una mujer ni he sentido ganas de tenerla”. comentó.
Jimmy Giménez Arnau: “Me tomo dos copas y soy capaz de llevarme a una jorobada a la cama”, dice el escritor y tertuliano televisivo, de 65 años, en su entrevista. Sus declaraciones son sorprendentes y terroríficas, como cuando describe una coyunda colectiva en la Ibiza de los setenta: una cola de 20 tíos penetrando a la novia en luna de miel mientras el novio yacía borracho lejos de ella, y al día siguiente, la mujer creyendo que se ha casado con el tío más fornicador de la Tierra. La pregunta que nos hacemos todos se la hace Barba: “¿Qué hace un tipo inteligente en medio de una piara de gruñidores profesionales? Según Jimmy, descargar su mala leche por la tele le mantiene el corazón saludable”.
Lorena Berdún: “Ha sido el rostro amable del higienismo sexual en España”, proclama el periodista, “y es mucho más simpática que sus predecesoras, como Lady Foster. Me encantaría descender con ella a los infiernos de la sala Bagdad y ver qué cara pone en el número de la felación colectiva”. Por su parte, la actriz y presentadora madrileña, de 35 años, reconoce que “impone un poco la idea de enfrentarse a una sexóloga en la cama. Quizá al principio genera cierto morbo, pero a la hora de la verdad da más miedo que otra cosa. Por otro lado, puede que a un gran cocinero, que se sabe todos los trucos, no le gusten las alcachofas. Y aparte, creo que una excelente sexológa puede ser una mala amante”.
Lucía Etxebarria: “Mi educación sexual y sentimental fue horrorosa”, confiesa la escritora, de 42 años, a Barba. “Una tarde, volviendo de la piscina, llegué a casa y no había nadie. Tuve que ponerme la toalla encima del biquini y subir una larga cuesta hasta donde estaban mis padres. Me recuerdo aterrada: ‘Si alguien me quiere violar, me viola’, pensaba todo el rato. Los hombres no entienden el temor que muchas mujeres tenemos a una agresión. Aquí era pasear por una rambla y escuchar guarradas”. En opinión del autor, a la Premio Planeta 2004 “le gusta ir de chica dura, pero es puro personaje con el que tapa mucha timidez. Ahora bien: se toma dos copas y te monta un show que ni David Letterman”.
Santiago Carrillo: Según confesó a Barba en su entrevista, al político asturiano, de 94 años, le obsesionaba la posibilidad de que alguna mata hari franquista pudiera seducir a los jovencitos militantes del PCE clandestino. Añade que a él mismo se le ofrecieron señoras bellísimas a las que tuvo que decir que no por seguridad nacional. “La represión sexual estaba en todas partes”, apostilla el autor. El antiguo secretario general del partido comunista, quien no abunda demasiado en su vida sexual porque sus compañeras de cama “o bien han pasado a mejor vida o se han convertido en honorables abuelas”, se explicó así: “Los jóvenes comunistas trataban de ligar desesperadamente, pero no permitíamos desmanes”.
Bigas Luna: Cuando el director de cine catalán, de 64 años, era niño, pensaba que el pecho de todas las mujeres siempre estaba relleno de leche. Un día se lió con una muchacha alemana (“siempre he tenido vocación europea”) y se llevó una gran decepción al descubrir que sus tetas no tenían leche dentro. “Nuestro fabricante de estrellas ama el tintorro, los burros, el jamón, y le excita que las actrices sean como barro en sus manos. Aunque asegura que no les exige derecho de pernada”, revela el autor de 100 españoles y el sexo. “El día en que las universidades extranjeras dejen de sobrevalorar a Pedro Almodóvar, quizá se darán cuenta de que Jamón, jamón nos describe mucho mejor que Todo sobre mi madre”.
Verónica Echegui: La actriz madrileña, de 26 años, dice que vale, que tiene sus caderas, su culo y su tal, pero que, además, posee “recursos más sutiles con los que a veces el resultado es más intenso”. “Bella, inquieta, exploradora de sexualidades en la sombra, en el libro confiesa su fantasía de penetrar al varón”, narra Barba. “Aún tenéis mucho tabú con el sexo anal”, le dijo la Juani de Bigas Luna al autor. “Es verdad. Nosotros somos poco colaboradores”, dice Barba.
Jorge Javier Vázquez: Cuenta Barba que el presentador de Badalona, de 38 años, tenía que hacer piruetas para ponerse los calzoncillos de manera que no se viera nada, porque en su colegio del Opus Dei los miramientos que amenazaban la “santa pureza” se castigaban. Asegura el autor que Vázquez le contó que la primera vez que tocó a un tío tenía 20 años, que creyó que le había contagiado el sida, que siete años después se atrevió por fin a hacerse la prueba y que esa paranoia trastocó toda su vida. “El día en que salió de su barrio para ir en busca de fortuna, su padre le dijo: ‘Ten cuidado, Jorge, que en Madrid hay muchos maricones”, relata Barba; “ironías del destino: el niño educado en un colegio del Opus acabó convirtiéndose en icono gay”.
Jaime Peñafiel: Barba se pasa un poco con el periodista granadino, de 77 años, que más relaciones encontradas tiene con la monarquía: “Creo que quiso mucho a la Reina”, asegura el autor, “pero, sorprendentemente, en la entrevista se me declaró republicano. Creo que está dolido con ella. Creo que mira al Rey por encima del hombro. Y, sobre todo, creo que odia a Letizia Ortiz”. Pero Peñafiel en realidad no acepta odiarla: “Dicen que no tolero a Letizia. No es cierto. Sólo digo que una reina no debe tener pasado. Letizia lo tiene. No quiero bucear en su vida íntima, pero para representar el papel de reina consorte se necesita un currículo que ella no posee”. Barba concluye: “Sospecho que una vez soñó con ocupar su lugar”.
Nacho Vidal: Son ya célebres sus inicios en el Bagdad, cuando no logró trempar y empezaron a gritarle “impotente” y “maricón”. Pocos años después, su miembro se convertiría en el más famoso del mundo. Y él, en prototipo de fornicador brutal. Barba, que escribió las memorias de Vidal en 2004, ha tenido tiempo para sacar sus conclusiones sobre lo que para él encarna en realidad el actor mataronés, de 35 años: “Una vez, Jodorowsky me dijo que un hombre que presume de haberse acostado con 2.000 mujeres no puede ser otra cosa que gay. Sin embargo, creo que Nacho es pansexual, a la manera en que utiliza el término el obispo auxiliar Martínez Camino. Vidal y el obispo son dos cabos de una misma cuerda”.